Emanando de la más lúgubre pesadilla mortal, apasionamos y escalofriamos; enamoramos y corrompemos. Tras el sudario de nuestra palidez se esconde toda una alegoría existencial, un compendio de fantasmagoría letal, una dicotomía de placer y dolor que ha sido tallada en cantos gloriosos a nuestra potestad, arcanas leyendas recogidas en pasajes literarios de renombre para anidar con posterioridad, y de forma definitiva, en la cultura mortal gracias a nuestra consolidación como ente de espanto y respeto. He buscado a través de los siglos y, por ello me he empapado de conocimientos, buscando algún indicio de rastro de mi raza. Se que evolucionamos, más bien, mutamos; tan parecidos a los humanos, pero al mismo tiempo tan diferentes. En el fondo, los mortales, nos aman. Somos aquello tan profundo y prohibido que reside en sus almas, algo que saben que existe pero temen mirar, encontrar y verificar. En este ensayo que he confeccionado expongo algunas ideas de lo que la humanidad siempre quiso demostrar sobre la estirpe y sus propias controversias a lo largo de los siglos.
Ya en el "Antiguo Testamento", se advertía sobre los bebedores de la sangre:
"Y todo lo que tiene movimiento y vida les servirá de alimento; todas estas cosas las servirán de alimento, así como las legumbres y las hierbas. Lo único que no deben comer es la carne con su alma, es decir, con su sangre." (Génesis, 9, 4)
"Si un hombre de Israel o de los forasteros que viven en medio de ustedes come cualquier clase de sangre, lo aborreceré y lo exterminaré. Porque la vida del ser mortal está en su sangre, y yo les di la sangre como un medio para rescatar su propia vida, cuando la ofrecen en el altar; pues la sangre ofrecida vale por la vida del que ofrece." (Levítico, 17, 11)
"Toda persona que coma sangre de cualquier clase, será exterminada de entre los suyos." (Levítico, 7, 27.)
"Solo estar seguro que tú no comerás la sangre: por que la sangre es la vida; y tú ojalá no comas la vida con la carne." (Deuteronomy 12:23).
Antes que la Iglesia Cristiana comenzara a desplegar sus alas a lo largo de Europa, el "vampiro" ya era un mito establecido. Criaturas parecidas a nosotros habían sido parte de la superstición desde la Antigua Grecia. Las raíces del "vampiro" eran Paganas en la naturaleza, y las creencias eran generalizadas. La relación que eventualmente se formó entre la estirpe y el Dios Cristiano es un alocado cuento con ironía.
La iglesia Cristiana no había establecido una postura sobre nosotros cuando se dividió en 1054. Sin embargo, las creencias de las dos iglesias resultantes (la iglesia Católica Romana en el oeste, y la iglesia Ortodoxa en el este) pueden estar directamente vinculada al mito de los vampiros. Los Católicos Romanos creyeron que los cuerpos de sus santos no decaerían en la tumba; en lugar, permanecerían intactos y olerían agradable. No obstante, la iglesia Ortodoxa encontró inicialmente más difícil sacudir sus raíces Paganas, y consideró al cadáver como una señal de maldad. Ambas iglesias no tenían una postura formal sobre los "vampiros" salvo que era parte de una creencia Pagana, que era anticuada y no Cristiana en naturaleza. El Paganismo, lejos de ser una religión organizada, era poco más que un recaudo de cordura folklórica y mitología desorganizada; esto fue mantenido vivo por los campesinos quienes nunca tuvieron una educación formal a excepción de efímeras leyendas. Con el paso del tiempo, la iglesia Católica Romana creció preocupada en que las mitologías Paganas establecidas usurparían las nuevas creencias Católicas que la iglesia trataba de esparcir. Como tal, comenzó una investigación del mito del vampiro. La iglesia, con el intento de hacer sus creencias generalizadas y poner fin al Paganismo (que llamaron brujería) comenzó a vincular al vampirismo con Satán. Entonces decretaron que éramos cadáveres reanimados por los diablos de Satán. Como resultado, estos "vampiros" huirían de los signos del Dios Cristiano: El Crucifijo, el agua Santa y la Oblea Eucarística (Hostia).
La gran ironía de este período es como la Iglesia se movió para terminar con las mitologías Paganas, las que luego serían su decreto propio que prestaría validez histórica a nosotros. Tan grande fue su influencia que películas y novelas, en las noches del Siglo XX, todavía muestran al "vampiro" como una criatura Satánica, inútil al enfrentarse a los signos del verdadero Dios Cristiano.
Como el tiempo continuó, numerosos informes y tratamientos fueron emitidos por la Iglesia Cristiana. Casi todo de la investigación confiable disponible desde el 1600-1800 D.C. era el trabajo de Diáconos, Sacerdotes, Monjes, etc. Los espantos de los "vampiros" continuados a barrer toda Europa, terminaron con la caza de brujas y toda persona extraña en su naturaleza, exhumaciones masivas, legiones de cadáveres estacados y/o quemados en un intento de liberar aldeas completas del vampirismo. Esto llegó a ser un área de intensivo estudio por parte de la iglesia. Pero que gran ironía era la Iglesia, ya que ellos mismos le dan una gran importancia a la sangre; constituye para ellos el centro mismo de la Misa, cuando un simple vino es convertido en la sangre de Jesucristo en la consagración.
Los antropólogos pretenden desvincular nuestro origen, que ha acompañado a los seres humanos desde el principio de los tiempos, diciendo que han localizado el origen de los "vampiros" en las enfermedades con pérdida de sangre, que los antiguos atribuían a seres diabólicos que atacaban durante la noche en busca del alimento que necesitaban para sobrevivir.
Es verdad que nuestro mito unido al simbolismo de la sangre pretenda desviarlos a los más locuaces interrogantes, que nuestra eternidad e incorruptible carne nos hagan ver como seres demoníacos, es incoherente, ya que no somos más crueles que el ser humano, nosotros matamos, a veces, para alimentarnos; ellos, a cambio, lo hacen para tener más territorios y respeto. Entonces porque siempre quieren atribuirnos esa idea efímera. Hoy, nuestra estirpe está viva y bien, mejor aún, que en ningún otro tiempo pasado. Ahora somos salvajes con indumentaria negra, vagabundeando las calles y bulevares, y los lectores y aficionados al cine se emocionan ante nuestra presencia. En la ciencia de hoy en día el Vampiro y la Cristiandad y sus símbolos son parte de la diversión, ya nada se toma en serio. Pero vivimos, y, será por muchos siglos más... sino, algún día, deberíamos volver de nuestras tumbas...
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